Tómate un té conmigo

Ayer soñé que tomaba un té que me hacía enloquecer.

Al beberlo empezaba a ver el mundo distinto, los colores se desvanecían a mi alrededor y mi cabeza daba vueltas. Alicia siempre lo hizo ver tan divertido, pero en mi sueño era la angustia lo que predominaba.

Recuerdo cómo el miedo de perderme en la locura me mantenía alerta y aferrándome a cualquier superficie plana. Las risas se escuchaban como grandes ecos, como monstruos inmensos queriendo devorarme. Es extraño que en un mundo de humanos el monstruo sea quien teme.

Desperté y estaba en mi cama, en medio de la oscuridad de la madrugada sin poder distinguir ninguna forma de mi habitación. Pero no estaba sola, había alguien más ahí conmigo. Me acerqué para tratar de distinguir de quién se trataba: eran las tristezas jugando al rededor de mi cama. Se reían con voces de niñas y volvían a esconderse.

Ahora no - les dije y volví a dormir, pero una de ellas se sentó en mi cabeza y susurró pesadillas de vuelta a mi cerebro, habló de un sueño en el que yo era diminuta y los grandes pies humanos me aplastaban el cuerpo, había polvo de huesos y risas de burla, este no era mi mundo.

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