Roto es el nuevo "Sexy"


Tras llevar una vida entera tratando de ser "como todos los demás", de compararme con ellos y preocuparme por no haber alcanzado los mismos logros, por fin lo entendí, me quedó claro que estaba matándome por encajar en un lugar donde realmente no pertenecía.


Escribo esto con un parche en la cadera que está absorbiendo una herida que no para de drenar, escribo mientras cuento los días antes de libertad que me quedan antes de volver a entrar a un hospital, pero sobre todo lo hago entendiendo que el camino que recorro no es el mismo del de la gente que está a mi lado y con el valor de por fin contar mi historia.



Siempre he creído que el cuervo es otro ser que logró aferrare a mí en un momento de debilidad y se llevó consigo todo rastro de inocencia que quedaba, que me había obligado a encerrar quien yo soy y suplantarlo por un ser fuerte que no se deja romper. Con esa creencia he vivido los últimos años de mi vida, bajo la sombra del cuervo intentando dejar atrás a la niña que me decía que no la olvide.


Me tomó mucho tiempo descubrir que el cuervo estaba realmente dentro de mí, que al verme en el espejo si me fijaba bien, podía ver a la niña dentro de mi cuerpo siendo protegido por él. El cuervo entonces era yo, una forma mía, la única forma que encontré para poder levantarme y no dejarme romper por todo mi entorno, el cuervo era yo ayudándome a creer en mí y en que puedo ser fuerte. El cuervo estuvo ahí cuando al despertar en una cama blanca sin olor y llena de tubos transparentes pude sonreír pensando en lo grande que me levantaría después.



También lo encontré varias veces en mi cuarto durante las noches diciéndome que no hay nada que temer ya que yo era a lo que los demás tenían que temer.


Así que ahora, a unos días de mi cumpleaños, miro hacia al pasado para buscar los ojos de la niña que solía ser y sonriendo le digo "lo logramos niña". Me enorgullece decirle que no sólo soy un cuervo fuerte que cada día cabe menos en una jaula, si no que también soy esa chica que usa los vestidos más cortos por donde se asoman sus vendas y los zapatos tan altos como puede, en señal de protesta, como una forma de mirar a los demonios de mi infancia y enseñarles cómo no lograron desvanecerme, al contrario, crearon en mí un nuevo significado de sexy.

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